Otoño

Otra tarde que he visto caer. Otra tarde de otoño que se desvanece entre mis ojos. El paisaje se empieza a apagar. La ciudad que vislumbran mis ojos comienza a oscurecerse a transformarse en otra ciudad. Poco a poco comienzan a encenderse luces, unas más amarillas o más naranjas, se conforman tonalidades a lo largo de este inmenso paisaje. Paisaje anaranjado se convierte poco a poco en el paisaje otoñal de noche.

Cielo anaranjado que nos despide un día más. Naranja, tonos rojizos… Nos dan paso a este paisaje otoñal y nos despide, para mañana deleitarnos con otro bello amanecer, otra puesta de sol, todo teñido de colores otoñales.

El otoño ha llamado a mi ventana.

Se dejan ver las primeras hojas en el acerado, niños llenos de inocencia las pisan a su paso. Una sensación de fresco ha empezado a embriagarme otro día más. El otoño ha empezado a notarse en la entrada de casa.

El otoño ha llegado y dispuesto a llenarnos de nostalgia, recuerdos y grandes reencuentros entre amigos.

He dejado mi ventana abierta porque quiero sentir la brisa y el olor del otoño en mi rostro, quiero que esa aroma no me abandone nunca.

El otoño ha llamado a nuestras puertas y se está notando lentamente.

El otoño ha llegado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Abuelo.

Caminaba en la opacidad de la noche, cuando de pronto, escuché algunos crujidos, pisadas. Pisadas que chasqueaban toda rama y hoja que estaba en su camino.

Ese estruendo estaba cada vez más cerca, el miedo comenzaba a recorrer mi cuerpo. “¿Qué será?” El temor paralizó mi cuerpo.

La luz de la luna me dejaba entrever un camino largo, lleno de viveza y recuerdos de una vida larga. Mi vida se estaba dejando ver en ese pequeño camino, con cada mirada se hacía más grande, recuerdos cargados de alegría y tristeza.

Con la ilusión de ver todo aquello, el estruendo se paró junto a mí y con él lo acompañaba una inmensa sombra. Me resultaba todo tan familiar, lleno de recuerdos felices. Me giré para ver lo que estaba junto a mí.

Te vi, estabas ahí y no lo podía negar, habías estado conmigo todo mi camino a oscuras. Por fin apareciste, la mayor de mis alegrías.

Lágrimas de felicidad inundaban mi rostro. No lo podía creer, tu alma, tu espíritu tu viveza se habían transformado en ese bello ciervo, que ante mí se ha postrado. Me has llamado, lo sé. Has intentado intercambiar palabra conmigo. No he podido responderte, me he quedado muda al verte. Te he visto y has estado conmigo. Tu recuerdo se hace fuerte cada vez que veo tu imagen reflejada en ese ciervo.

Abuelo esta noche has estado conmigo, lo sé. Nos hemos mirado y me has sonreído desde lo lejos. Tu recuerdo sigue vivo en mí y esta noche aún más.

¿Qué es la vida? Es el destello de una luciérnaga en la noche. Es el aliento de un ciervo en invierno. Es la pequeña sombra que corre por la hierba y se pierde en el atardecer“.

Fotos por cortesía de: atravesdemiobjetivo.es

El sillón viejo.

23/05/2017

Sentada en un sillón raído, había visto pasar una vida llena de alegrías y llantos. Desde el cual, hoy día esperaba ser ella la que contase sus historias de joven, como habían hecho sus antepasados.


Ansiaba las tardes, donde observaba cómo se llenaba su paisaje de jovialidad. Jóvenes que, con sus amigos pasaban las tardes en el banco de enfrente de su ventana. Contemplaba los besos robados de la adolescencia inocente, que correteaban y vivían un amor loco y desenfrenado. Mientras miraba ensimismada ese paisaje jovial, comenzaban a brotar sus recuerdos. Recuerdos de una juventud llena de amistad y grandes amoríos, secretos entre amigos, el primer beso, el primer viaje fuera del pueblo… Mientras miraba por esa ventana, veía en cada uno de esos jóvenes su juventud, su inocencia.


Esa ventana,que todas las tardes se convertía en un hermoso espejo, reflejaba su juventud. Mocedad de una tez pálida y sonrosada en las mejillas, carnosa y floral. Infinidad de recuerdos que habían recorrido su hermosa piel. Esos recuerdos recogidos en sus humildes palabras, que ni el mejor literato podría plasmar en un papel, ni podrían ser escritos con la dulzura que ella los narraba, que ni las mejores fotografías habrían captado


Sólo quedaban esos recuerdos. Recuerdos que se empezaban a apagar, como la tarde que a su mirada comenzaba a caer. Recuerdos que se habían desvanecido como los jóvenes del banco de enfrente de su casa…

“El placer es la flor que florece, el perfume es el recuerdo que perdura”

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El muérdago.

13/12/2016

Un muérdago comenzaba a caer sobre la entrada de la habitación de Carolina. Crecía conforme iban pasando los días. Ella despreocupada de aquello, no se fijaba nunca. Ilusa, distraía, tenía su mente en los amores de adolescentes, creía que era una planta que estaba creciendo y debía de arrancarla. Aquel muérdago se había aferrado a la entrada de su habitación. Por más intentos para poder sacarlo de allí, no encontraba ninguna manera. 

  Pasaron las horas, los días, los meses, y aquella planta había comenzado a caer hacía, miraba ya al suelo. Cierto día mientras la contemplaba, desde su cama, vio que su madre le había puesto un lazo rojo, !a la planta, y por qué no en su puerta¡. Era navidad. Había pasado el tiempo rápido. Su casa empezaba a oler a turrones, mantecados de canela y limón, ponche de huevos e incluso su madre empezaba con los preparativos de las comidas de las fiestas. Ella seguía mirando esa planta, no sabía porque en su cuarto, habría estancias en las que podría haber crecido, pero había decido nacer en el marco de su puerta. 🌹🌹

  Los regalos, decoraciones de navidad concurrían por toda la casa. Empezaron a llegar a casa todos los invitados para la cena. Todos menos uno, faltaba para Carolina la persona más importante. ¿Dónde estará? Carolina preocupada miraba por la ventana y su coche no aparecía. Los primeros copos de nieve comenzaron a caer, creando una alfombra blanca en el asfalto. Por fin consiguió vislumbrar las luces del coche de la persona que esperaba. Juntos cenaron, charlaron, compartieron unas risas con amigos y familiares. Esa persona

que estaba compartiendo eso momentos mágicos con Carolina, era un amigo, bueno querían ser algo más que amigos. Subieron a la planta de arriba de la casa, porque ella ansiosa,

quería mostrarle el resto de la casa. Al llegar a la puerta de su habitación, él descubrió el muérdago, preguntó curioso y ella sin saber que planta era, cambió el rumbo de la conversación. Él si sabía que tipo de planta era. Con la rapidez con la que sus ojos la miraron, le robó el beso más dulce que sus labios pudieron descubrir, en ese mismo momento el muérdago comenzó a florecer.😘💏🌹🌹

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Noches de insomnio…

04/10/2016

Mirando a través del ordenador lo vio a él. Noches y noches que ambos se quedaban absortos  mirando las pantallas de los ordenadores. 

   Se contaban temas inimaginables, esos temas con los que se pasaban horas y horas hablando, no se cansaban. 

    Sólo les separaba una pantalla fina de un ordenador, escuchaban sus voces cercanas, cómo si sentados en frente tomándose la mano fueran capaces de contarse lo mismo, demostrando admiración él uno por el otro. Eran capaces de dibujar su amor con gestos, palabras, caricias a través de una delgada pantalla, muchas veces alargaban sus manos para sentirse uno, era difícil… Pero lo intentaban. 

    Noches de insomnio por no querer separarse de esa pantalla, querían verse casi las 24 horas del día, se necesitaban. Se amaban, su cuerpo los delataba, cada vez que se veían su rostro era diferente, cambiaba, aparecían sonrisas, su mente se relajaba. Llegaba su momento de desahogo, estar frente el uno al otro poderse contar todo. 

     Eran dos amantes pero a la vez amigos, esa persona a la que podía llamar o ver y poder contarle todo, todo, sus penas, alegrías e incluso compartirlas juntos. Tantos momentos vividos juntos, que sólo era una pantalla lo que les separaba de ese mundo que juntos habían llenado de amor y amistad.

     Kilómetros… Metros… Centímetros… 

   Eran un todo, ambos se necesitaban, se les hacía duro que una delgada línea los separara de esos encuentros amorosos… 

      Se reflejaba en sus miradas la pasión que depositaban en todas la noches… Les bastaba que esa pantalla se rompiese y pudieran tener esa noche de pasión que ambos necesitaban…

     Pero esa noche no podría ser tampoco, esperaban que se les abriese el camino entre los y poder estar juntos, que los minutos, las horas no pasasen entre los dos. Dar el amor que ambos necesitaban… Aún no podría ser… Pero el camino se les estaba acortando, poco a poco habían empezado a acercarse. 

Pronto…

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Más allá de la frágil ventana.

25/09/2016

Pasaban los días y aquella ventana nunca estaba sola, siempre estaba ella. Esa era ventana su vida, su vía de escapar en esos días que despertaba y notaba que el día no seria como ella más deseaba y se sentaba en ella a dar rienda suelta a su imaginación.

    Pero hoy había sentido que todo iría bien, que la imaginación le depararía grandes Cosas. Escucho un ¡ding !, y bajo rápidamente por las escaleras,su té estaba listo para acompañarla a ella ya su ventana. 

     Sentada cómo se se dispusiese a ver la tele, piernas cruzadas y su taza rosa sujetada entre sus dos manos finas como el marfil, mientras esta desprendía olor a limón y a jengibre que iba inundando toda la habitación. Con cada sorbo de té oloroso fue dando rienda suelta a lo que seria otra tarde llena de imaginación.

      Mientras las ideas de le llamaban a la puerta, su mirada se fija Volvió. Todo su mundo se volvió a aquel punto fijo que le había distraído. Pero rápidamente aparto la vista y volvió donde había comenzado su tarde, a imaginar cosas grandes.

      Poco tiempo mas tarde volvió a fijar la vista donde se distrajo  primitivamente, había algo que le estaba llamando la atención. Aquello que la había sacado de esa habitación con olor a limón y a jengibre, que: además le había hecho olvidar porque aquella tarde estaba sentaba en esa frágil ventana, que la separaba del mundo y porqué en sus manos frías como el mármol había una taza de té. 

      Término de tomar aquel  oloroso té , que fue apagando su aroma cada vez que ella se volvía a fijar en “eso”, que la estaba distrayendo de su imaginación. Observó todo lo que le fue posible alcanzar con su mirada.

     Esos ojos verdosos querían saber porqué ella no estaba en la habitación imaginando. Hoy su atención se había perdido, hoy la ventana parecía una capa fina de cristal que podía atravesar con facilidad, pero su miedo le impedía cruzar ese límite. Todo giraba en torno a aquello que no conseguía distinguir, quería saber lo que era.

    Pero repentinamente ese hilo entre ella y lo que quería averiguar se rompió, a  su lado apareció su padre, que se asustó al ver que no contestaba a la puerta .Debía bajar porque le aguardaba una gran sorpresa. 

   Aquella tarde descubrió cosas fuera de su imaginación, se interesó por algo más allá de la ventana frágil que poco a poco le estaba abriendo el camino hacia nuevas aventuras .

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Tarde de verano

21/09/2016

Mirando por la ventana de su habitación veía caer la lluvia, que se presentó en pleno verano. Observaba como la gente se apresuraba para esconderse de esa lluvia que le había sorprendido repentinamente. 

Esos ojos verdosos no podían apartar la mirada de aquellos cristales empapados de agua,poco a poco ese hermoso paisaje que se le había presentado ante ella iba desapareciendo, sus ojos comenzaron a cerrarse, la pesadez de los párpados llenos de cansancio, le ganaban la lidia por seguir viendo ese hermoso paisaje. 

    Parecía que todo aquello que estaba divisando era un sueño, donde ella era la protagonista de la historia. Una bella dama que podía controlar y mirar todo lo que pasará por el alcance de sus bellos ojos verdes, sobre todo sin que fuese vista desde su ventana. La ventana que la apartaba de la verdadera realidad. 

    Dormía plácidamente, cuando de repente escuchó un fuerte estruendo, provenía de la calle. La hizo despertarse rápidamente, se acercó aquella ventana fría por la lluvia, aquella misma que llevaba horas esperándola, volvió a divisar la inmensidad de aquella ciudad.

     Era ya de noche y aún persistía la  lluvia. Observaba aquella gran cantidad de paraguas de colores, con ellos parecía que no había oscurecido. Todos coloridos y relucientes por las gotas de lluvia que en ellos permanecían. Todos juntos formaban un hermoso arco iris. 

   En su cabeza solo rondaba cómo alinearlos para que quedasen como ella deseaba, seguía pensando que era la protagonista de todo lo que se paseaba entre las personas de la gran ciudad. 

    Toda aquella imaginación se desvaneció cuando golpearon en su puerta, todo el bello paisaje que imaginaba en su cabeza se rompió y volvió a entrar la oscuridad por aquella ventana, ya ni las luces de las farolas iluminaban su rostro. 

    Bajo a cenar, no quería tardar demasiado, quería seguir viendo los arco iris en los paraguas y disponerlos como si fuesen luciérnagas, iluminando cada corazón de las familias de la ciudad. Ansiosa, desesperada… 

   Pasaban los minutos y la comida no desaparecía del plato. Justo cuando estaba terminando, se les presentó una visita en casa, ¡no podía ser! Ella quería volver a su rincón, el que aún conservaba su calor, calor de la imaginación que entraba con aquella ventana. 

     Se acababa la noche y esos arco iris de su cabeza empezaban a desvanecerse, mirando por la ventana del salón vio como la lluvia cesaba y con ella todo el mundo que ella había estado imaginando toda la tarde de verano lluviosa. 

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