El sillón viejo.

23/05/2017

Sentada en un sillón raído, había visto pasar una vida llena de alegrías y llantos. Desde el cual, hoy día esperaba ser ella la que contase sus historias de joven, como habían hecho sus antepasados.


Ansiaba las tardes, donde observaba cómo se llenaba su paisaje de jovialidad. Jóvenes que, con sus amigos pasaban las tardes en el banco de enfrente de su ventana. Contemplaba los besos robados de la adolescencia inocente, que correteaban y vivían un amor loco y desenfrenado. Mientras miraba ensimismada ese paisaje jovial, comenzaban a brotar sus recuerdos. Recuerdos de una juventud llena de amistad y grandes amoríos, secretos entre amigos, el primer beso, el primer viaje fuera del pueblo… Mientras miraba por esa ventana, veía en cada uno de esos jóvenes su juventud, su inocencia.


Esa ventana,que todas las tardes se convertía en un hermoso espejo, reflejaba su juventud. Mocedad de una tez pálida y sonrosada en las mejillas, carnosa y floral. Infinidad de recuerdos que habían recorrido su hermosa piel. Esos recuerdos recogidos en sus humildes palabras, que ni el mejor literato podría plasmar en un papel, ni podrían ser escritos con la dulzura que ella los narraba, que ni las mejores fotografías habrían captado


Sólo quedaban esos recuerdos. Recuerdos que se empezaban a apagar, como la tarde que a su mirada comenzaba a caer. Recuerdos que se habían desvanecido como los jóvenes del banco de enfrente de su casa…

“El placer es la flor que florece, el perfume es el recuerdo que perdura”

viejita[4].jpg

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