Tarde de verano

21/09/2016

Mirando por la ventana de su habitación veía caer la lluvia, que se presentó en pleno verano. Observaba como la gente se apresuraba para esconderse de esa lluvia que le había sorprendido repentinamente. 

Esos ojos verdosos no podían apartar la mirada de aquellos cristales empapados de agua,poco a poco ese hermoso paisaje que se le había presentado ante ella iba desapareciendo, sus ojos comenzaron a cerrarse, la pesadez de los párpados llenos de cansancio, le ganaban la lidia por seguir viendo ese hermoso paisaje. 

    Parecía que todo aquello que estaba divisando era un sueño, donde ella era la protagonista de la historia. Una bella dama que podía controlar y mirar todo lo que pasará por el alcance de sus bellos ojos verdes, sobre todo sin que fuese vista desde su ventana. La ventana que la apartaba de la verdadera realidad. 

    Dormía plácidamente, cuando de repente escuchó un fuerte estruendo, provenía de la calle. La hizo despertarse rápidamente, se acercó aquella ventana fría por la lluvia, aquella misma que llevaba horas esperándola, volvió a divisar la inmensidad de aquella ciudad.

     Era ya de noche y aún persistía la  lluvia. Observaba aquella gran cantidad de paraguas de colores, con ellos parecía que no había oscurecido. Todos coloridos y relucientes por las gotas de lluvia que en ellos permanecían. Todos juntos formaban un hermoso arco iris. 

   En su cabeza solo rondaba cómo alinearlos para que quedasen como ella deseaba, seguía pensando que era la protagonista de todo lo que se paseaba entre las personas de la gran ciudad. 

    Toda aquella imaginación se desvaneció cuando golpearon en su puerta, todo el bello paisaje que imaginaba en su cabeza se rompió y volvió a entrar la oscuridad por aquella ventana, ya ni las luces de las farolas iluminaban su rostro. 

    Bajo a cenar, no quería tardar demasiado, quería seguir viendo los arco iris en los paraguas y disponerlos como si fuesen luciérnagas, iluminando cada corazón de las familias de la ciudad. Ansiosa, desesperada… 

   Pasaban los minutos y la comida no desaparecía del plato. Justo cuando estaba terminando, se les presentó una visita en casa, ¡no podía ser! Ella quería volver a su rincón, el que aún conservaba su calor, calor de la imaginación que entraba con aquella ventana. 

     Se acababa la noche y esos arco iris de su cabeza empezaban a desvanecerse, mirando por la ventana del salón vio como la lluvia cesaba y con ella todo el mundo que ella había estado imaginando toda la tarde de verano lluviosa. 

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